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Lunes, 11 Enero 2016 14:32

Lucía y Lucía: dos generaciones unidas por Bertal

Tal día como hoy hace 20 años, pisé por primera vez un local de la cadena Bertal, en su día llamado “La chufa”.

Corrían otros tiempos, y yo tenía la necesidad de trabajar, por vueltas que da la vida terminé mis estudios, embaracé y tuve a una preciosa niña. No tenía ni un año cuando empecé a buscar trabajo, y en mi primera entrevista fui admitida.

Al día siguiente de la entrevista empecé a trabajar en la tienda de la calle Bilbao, sin ninguna experiencia pero con una gran ilusión, estaba nerviosísima, mis tareas eran las más básicas y poco a poco fui conociendo diferentes tareas que se realizaban, que eran muchas….

Con mucho esfuerzo fui adquiriendo experiencia y aprendí a rellenar y montar un mostrador, arreglar y unificar helado, hacer cafés, tratar con el público y otras diferentes tareas.

El ambiente en la tienda era juvenil y agradable, teníamos entre nosotros un gran compañerismo, además de muy buen rollo, el cual ampliábamos fuera de nuestro horario  laboral, saliendo juntos, incluso yéndonos de marcha.

Teníamos un jefe serio y formal, del cual no tendría palabras suficientes para elogiar y describir. Laboralmente, su constancia, tenacidad, personalidad y fuerza, y como ser humano, me hizo crecer como persona y como mujer en muchos ámbitos de mi vida, como si fuese mi segundo Padre.

En el trabajo se nos exigía que las cosas se realizaran muy bien para que el cliente quedase y se encontrase muy satisfecho. Conocí a muchos clientes, a los cuales se les trataba de una forma cordial y familiar.

Durante un tiempo estuve por las demás tiendas adquiriendo conocimientos tanto de las encargadas que llevaban las tiendas como el funcionamiento de estas. Yo estaba muy satisfecha y contenta, porque veía que iba progresando en conocimientos, adquiriendo una seguridad económica mes a mes, estaba en un ambiente agradable  de trabajo, y había una relación casi familiar con el jefe, basada en el respeto y admiración.

Fue pasando el tiempo, y una vez ya totalmente preparada me destinaron a regir una tienda, demostrado la empresa su total confianza hacía mi persona.

Hubo momentos muy duros, incomprensiones, momentos hasta la extenuación física y mental, lágrimas, ganas de tirar la toalla, desplantes y momentos de malos rollos como es habitual en cualquier trabajo.

Siempre estuve segura que con mi trabajo y esfuerzo la empresa me respondería, me hicieron fija, fue pasando el tiempo y como todo en esta vida, nos tuvimos que adaptar a tiempos nuevos y situaciones nuevas.

Mientras tanto a nivel personal, iba criado a mi hija y desarrollándome como persona. Mi hija creció, terminó sus estudios y nos planteamos el tema laboral, bajo mi experiencia y vivencia en la empresa, decidimos hablar con el responsable de personal para ver la posibilidad de si Lucía podía trabajar en la empresa.

Nos alegramos mucho el día que Lucía empezó a trabajar y me recordó a mí aquel primer día en que yo comencé, porque desbordaba alegría y nerviosismo a la vez.

Espero que la empresa la trate, la valore y la realice como en su día hizo conmigo. Sé que por parte de Lucía, ella actuará con mucho coraje y valentía, y lo sé porque en el poco tiempo que lleva ha adquirido mucha experiencia y se le nota lo involucrada que está, llenándome de mucha satisfacción.

Nos sentimos contentas y orgullosas de aportar y sustentar en pequeña medida a esta empresa y sabemos que ella nos hace sentir parte de los pilares de la misma.

Y así nos encontramos las dos, trabajando en la misma empresa, dos generaciones en un mismo sitio.

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